Eran las cuatro de la madrugada y se levanta Tolomé como es usual. Luego le sigue su mujer, Doña Nina, quien le prepara el almuerzo con lo poco que gana su marido en la zona.
Tolomé vive con su esposa y sus cuatro hijos en Los Mina, al lado de una cañada de la que los vecinos se quejan constantemente, pero el gobierno no les hace caso. Su casucha está hecha con pedazos de cartón, playwood y planchas de zinc corroidas y el lugar donde viven es un hervidero de mosquitos y enfermedades, por eso con frecuencia Tolomé tiene que llevar al Hospital del Morgan alguno de sus hijos para recibir atenciones médicas.
Los cuatro niños duermen en una cama junto a la de sus padres, porque la casa es muy estrecha. Don Tolo, como le dicen sus vecinos y amistades, antes de salir los despierta y les da su bendición con un beso en la frente.
A las cinco de la mañana se marcha rumbo a su faena. Camina cerca de 2 km. hasta donde están los motoconchistas, se monta en uno que lo lleva a la autopista Las Américas y allí espera que pase una guagua que cruce frente a la zona.
Don Tolo trabaja en la Zona Franca de Las Américas, en una factoría textil. El es maestro cortador y se desempeña en ese lugar desde hace 2 años.
La factoría ha tenido muchos problemas financieros últimamente, por lo que han cancelado muchos empleados. Hace dos semanas cancelaron a Doña Fela, su comadre. Lloró mucho la doña cuando le entregaron la carta junto a otros 23 empleados más. Un mes antes habian cancelado a otros 30, así que se respiraban aires de tensión en la factoría.
Desde hace dos días se rumoraba que cancelarían más empleados, así que Don Tolo procuraba afanarse lo suficiente para no perder lo poco que tenia.
Como a las cuatro de la tarde llaman a uno de sus compañeros a la oficina. Le dicen “El Evangélico” aunque no sigue ninguna religión. A los quince minutos regresa con lágrimas en sus ojos.
- ¿Qué paso Evangélico? –pregunta Don Tolo–,
- Mire ute’ Don Tolo –y le pasa la carta con su cancelación–, coño uno se mata en eta’ maldita fábrica y así le pagan a uno… que se jodan tó’ coño !!!.
Recoje sus cosas, su gorra y se marcha presuroso tumbando lo que encuentra a su paso.
Asi continuaron los llamados; esa tarde cancelaron a 12 empleados. A eso de las 5:40 su patrón se le acerca:
- Don Tolo, que dice la Doña que vaya a su oficina.
Sintió un puñal clavársele muy hondo en el pecho y como les sucede a quienes han estado a punto de ver la muerte de frente, comienza a ver imágenes de sus hijos, su esposa, la deuda de la lavadora que aún le faltan 7 pagarés, el préstamo de RD$3,000.00 que le dio un usurero para pagar unas medicinas para su hijo mayor (al módico 20%), entre una serie de cosas. El miedo que sintió al escuchar las palabras de su patrón cayó como piedra sobre su cabeza.
Comenzó a caminar lentamente, tratando de no llorar sin saber lo que pasaba. Sabia muy bien que no tenia muchas posibilidades, ya que era extraño que la Doña lo solicitara para hablar en su oficina. Para si, en silencio mientras caminaba por los pasillos de la factoría recitaba el Salmo 23, que se sabia perfectamente ya que todos los domingos asistía con toda su familia a la iglesia sin falta.
Al llegar a la puerta se detiene y respira hondo, para tratar de calmarse y no dejarle ver a la Doña su nerviosismo. Da en la puerta dos leves toques esperando no ser escuchado, pero detrás de ella se oye una voz diciéndole que pase.
- Buena talde Doña, ¿para qué le soy útil?,
- Gracias Tolomé, siéntese por favor. Mire sucede que …
La Doña le da un sermón sobre los problemas que ha tenido la factoría últimamente y lo dificil que se les ha hecho tener que despedir tanta gente buena, así como una cantidad de charachera que Don Tolo no escuchaba engullido en la tristeza de haber perdido lo poco que tenia y lo dificil de encontrar otro empleo.
Ya no pudo resistirse más y dejó escapar las lágrimas y el llanto que con tanto esfuerzo contuvo. La Doña trató de consolarlo, ¿pero qué mejor consuelo no habria sido poder mantener su empleo?. Salió de la oficina cabizbajo, sosteniendo apenas entre sus manos la carta maldita que le trajo desgracia. Ya ni siquiera se sabia dónde andaban sus pensamientos.
Caminaba como zombie cuando recogió la cantina del almuerzo y su sombrero. Sus compañeros le miraban y preguntaban qué habia pasado (aunque todos sabían qué), pero no respondia. Apagó la cortadora y la desconectó como usualmente, luego de terminada su faena del día desde hacía dos años… aunque el final de ese día era diferente a los otros.
Eran las 11:30 de la noche y aún no llegaba a su casa Don Tolo. La preocupación de Doña Nina era grande porque que era difícil que su marido estuviera fuera a más tardar las 8:00 de la noche, por lo peligroso de ese barrio a esas horas. Sabía que algo andaba mal pero no imaginaba qué.
A los tres días encontraron a Don Tolo en unos riscos en las aguas del Mar Caribe, en los alrededores de la zona.










2 comments
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Mayo 4, 2008 en 2:34 pm
Nikkei-Girl
No te acostumbres mucho a la soledad…
Mayo 17, 2008 en 4:29 am
Floralba
La espera paciente siempre es recompensada.
Me gusta este blog.